La Mussara, el pueblo maldito

 

En esta publicación, quería hablaros de La Mussara, que es un lugar de Cataluña (España), situado en el Baix Camp, Tarragona. Fue abandonado en el año 1956, y actualmente solo quedan las ruinas de unas pocas casas y de su iglesia, que data del siglo XVIII.

Pero, ¿por qué os quería hablar de esto? Es porque su leyenda de pueblo maldito se ha forjado por las varias personas desaparecidas en el lugar. Entre ellos, encontramos el conocido caso de Enrique, un tarraconense de 37 años, que salió una mañana con sus amigos a recoger setas y del que no se volvió a saber absolutamente nada.

Se habla de que en algún rincón de La Mussara hay una gran piedra que, quien pasa a su lado, se ve trasportado a la Vila del Sis (la Villa del Seis), un pueblo que existiría en una realidad paralela.

En la Mussara, pueden verse ocho edificios en ruinas, aunque sólo uno está conservado.  

Es curioso que, tiene su origen en este pueblo una frase en catalán, «baixar de la Mussara» (bajar de la Mussara), cuyo significado es el de ignorar aquello que todo el mundo sabe y que tendría su equivalente en español en la frase estar en la parra.

Según se sabe en el mundo de lo esotérico, en La Mussara, surgen de pronto nieblas espesas que impregnan al visitante de una intensa sensación de ahogo, acentuada por el color púrpura que ensombrece al propio pueblo. También se habla de apariciones espectrales, sonidos de otro mundo y de la piedra que os he mencionado, conocida como la Vila del Sis (la Villa del Seis), que, según los testimonios de las experiencias vividas en el lugar, transporta a quien la salta a otro espacio temporal o a una dimensión paralela.

Pero, continuando con la leyenda de la que os hablaba, el miércoles 16 de octubre de 1991, Enrique M. y tres amigos, llegaron de buena mañana a La Mussara, para coger níscalos y espárragos, de los que abundan por la zona. Solían hacerlo con frecuencia y disponían de una táctica bien ensayada para abarcar el mayor campo de acción posible: los cuatro se separaban una distancia prudencial y, mientras avanzaban, hablaban continuamente para ubicarse, ya que no había contacto visual entre ellos.

Así que, después de unos metros sin escuchar la voz de Enrique, los amigos le preguntaron si todo iba bien. Silencio. Volvieron a llamarle a voces. Silencio. A Enrique le había pasado algo. Corrieron hacia el punto en el que le habían oído hablar por última vez y sólo encontraron la cesta de mimbre que portaba con una única seta en su interior.

Después de recorrer la zona un par de veces sin resultado, los amigos se dirigieron hacia los coches, aparcados unos metros antes de llegar a las ruinas de La Mussara. El de Enrique continuaba perfectamente estacionado, y en su interior encontraron la documentación del desaparecido, el tabaco y una medicina que debía tomar varias veces al día. Todo estaba tal y como su amigo lo había dejado.

Enrique conocía perfectamente el terreno desde hacía años, por lo que sus amigos consideraron altamente improbable que se hubiese perdido, de modo que se dirigieron al cuartelillo de la Guardia Civil más cercano, para pedir ayuda. Varios agentes del Instituto Armado realizaron una primera batida de urgencia por la zona, con resultado negativo. Los rastreos seguirían durante varios días, y a los guardias civiles se sumaron grupos de voluntarios además de unidades de guías caninos con perros adiestrados para la detección de rastros de personas.

Pedo no encontraron absolutamente nada; era como si se lo hubiese tragado la tierra. Las autoridades decidieron entonces que se sumase a las tareas de búsqueda una unidad de Zapadores de Montaña del Ejército, además de 200 soldados de la cercana base de Los Castillejos.

No podían creer que una persona pudiera haberse volatilizado así, sin más, sin dejar la más mínima pista que seguir, huellas, restos de ropa, olor corporal, lo que fuera.

En un último intento de impulsar la busca, el gobernador civil de Tarragona ordenaba que se sumasen a las batidas otros 50 militares del cuartel General Contreras de Tarragona.

Todo fue inútil, y Enrique pasó a engrosar la lista de “desapariciones inquietantes” que manejan las Fuerzas de Seguridad del Estado.

¿Podéis creer que no había ninguna justificación para no encontrarlo? Ni siquiera había motivos para pensar que le hubiera pasado algo, pues no había rastros de él.

Por este motivo, y por otros muy parecidos, las ciencias esotéricas se dedican a encontrar la explicación, que la ciencia no puede dar.

Los investigadores habían descartado de inmediato la posibilidad de que Enrique se hubiese marchado voluntariamente porque no tenía motivos para ello, por el dato de la medicina y porque estaba muy unido a su familia, hasta tal punto de que nunca se ausentaba de casa sin dejar dicho dónde iba. También descartaron que hubiese sido presa de las alimañas del bosque ya que, en ese caso, algún resto tenía que haber aparecido necesariamente y no fue así.

Siete monjes transparentes
Después de semanas de batidas y rastreos en balde, las autoridades decidieron levantar el dispositivo de búsqueda por falta de avances.
Los amigos que acompañaban a Enrique, decidieron entonces prolongar por su cuenta los trabajos para intentar encontrarle. Entonces –según han explicados ellos mismos, incluso ante el juez- sucedió algo estremecedor, difícil de comprender al ser más propio de lo sobrenatural, que de un caso policial de desaparición de un ciudadano.

En enero de 1992, tres meses después de los hechos, Jorge, uno de los amigos de Enrique, acudió a los juzgados de Tarragona visiblemente alterado y pidió hablar con el juez que llevaba el caso de la desaparición de su amigo.

La declaración de Jorge dejó descolocados completamente a los responsables de las pesquisas, hasta el punto de que decidieron no tenerla en cuenta, por ser a todas luces tan imposible de verificar como difícil de creer.

Jorge explicó que la tarde anterior había acudido a las inmediaciones de La Mussara con los otros dos jóvenes amigos de Enrique para seguir buscando al desaparecido.

Tras una buena caminata, exhaustos y hambrientos, se dirigieron a las ruinas del pueblo a descansar un rato antes de regresar a casa.

Pasaban unos minutos de la medianoche, cuando escucharon ruido de cascos de caballos provenientes de la zona de la iglesia de San Salvador.

Al asomarse a la puerta del templo abandonado, los tres jóvenes contemplaron
horrorizados, a unas figuras semitransparentes ataviadas con una especie de hábitos de monje de color oscuro o negro, con la capucha puesta. Según este testimonio, serían en total unas siete figuras las que deambulaban dentro de la iglesia; intentaron hablar con ellas pero fueron ignorados y, al cabo de unos cuatro minutos, desaparecieron súbitamente.

Fijaros que en el mundo esotérico, el siete es un número mágico. Es el número que sirve para transmutar y operar el cambio.

La causa judicial abierta por la desaparición de Enrique fue archivada hace ya bastantes años, mientras que este suceso provocó que el enigmático pueblo abandonado de La Mussara y sus semiderruidos edificios recibieran durante meses la visita de aficionados a las ciencias ocultas, lo paranormal y los fenómenos inexplicables, lo que contribuyó a alimentar su leyenda de “pueblo maldito”.

Desde entonces, no es raro encontrarse en la iglesia con restos de rituales satánicos, así como pintadas esotéricas en las paredes del otro edificio religioso.

Sin embargo, tengo que deciros, que dadas todas las investigaciones existentes sobre el caso, los entendidos sobre el tema, pensamos que Enrique pasó a otra dimensión al saltar sobre la Vila del Sis, y que la suya es sólo una de las numerosas desapariciones inexplicables que han tenido lugar en este punto geográfico concreto.

En mi caso, no me sorprende mucho saber, que en un cierto punto geográfico, se pueda acceder a otros planos, cuando sé que sin estar en ese punto, también se puede establecer contacto con otras dimensiones paralelas y no tan paralelas. Tal es el caso de podernos comunicar con los difuntos.

¿Y a vosotros os sorprende también esta historia? ¿Tenéis otras parecidas que contar?

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